viernes, 25 de enero de 2008

El carretel de la rueca



Viéndome pelear con una cinta de seda que se me enredaba fácilmente, mi madre recordó un pequeño tesoro que había rescatado de la casa de mi abuela. Era el carretel de la rueca de mi bisabuela, y como de costumbre me inundaron los recuerdos, me vi niña muy pequeña, sentada en la falda de mi bisabuela casi nonagenaria, quien movía el pedal de la rueca mientras guiaba mis manitos para regular el grosor de la hebra. Yo me disculpaba, porque la lana no quedaba pareja, parecía los hilados flamé que se usan ahora, y ella con su paciencia de muchos años de maestra, me decía: no importa, es para mí.

Entonces decidimos recuperarlo, mamá lo lijó prolijamente y yo le pasé una pintura protectora. Ahora lo voy a estrenar con la próxima madeja de cinta de seda que teja.

2 comentarios:

Digraco dijo...

Definitivamente las tejedoras somos personas sensibles! Me encanto la historia!

majo dijo...

tienen algo especial los artilugios de familia.
yo le tengo el ojo echado a una maquina de coser de mi bisabuela de aquellas que no tenian ni siquiera pedal, solo manibela (o es manivela?).

mariarosa, yo tambien te echo de menos, y me paso de vez en cuando por aqui, solo que estoy "vaga de tecla"

besitos miles