viernes, 25 de septiembre de 2009

Un siglo no es nada


No hay mal que por bien no venga, dice el refrán. La intensa sequía del verano pasado, que practicamente calcinó la vegetación en esta zona, nos obligó a regar hasta los árboles. Entre ellos se encontraba este peral casi centenario, que resistía como podía el sol abrasador. Compadecida de sus viejas ramas sin hojas y recordando que había sido plantado por mi bisabuelo, dando sus frutos a varias generaciones de mi familia, comencé a regarlo.
La sequía pasó y me olvidé del peral. Al llegar la primavera me llama la atención su color blanco, me acerco y lo encuentro rejuvenecido con miles de hojas nuevas y cubierto de flores.



La emoción me embargó y pase largo rato contemplándolo florecido en todo su esplendor, mientras imaginaba a mi bisabuelo plantándolo, con sus ropas de inmigrantes, sus manos rudas de trabajar la tierra, su tez bronceada por los fuertes soles del sud y me puse a pensar si dentro de muchos años alguien me recordará observando alguna de mis plantas. Creo que más allá de nuestros defectos, después de la muerte trasciende lo bueno, las buenas obras son las que sobreviven a las personas.

martes, 22 de septiembre de 2009

Ultimos tejidos del invierno y primeras flores de la primavera

Hoy es un día lluvioso y frío ¿primaveral?
no precisamente, aunque la primavera llegó
a mi jardín con una gran cantidad de hermosas flores.
Haciendo un poco de orden encontré las fotos
de este tapado que no publiqué
lo hice con lana de oveja blanca hilada con hebritas oscuras

y para variar lo tejí horizontalmente, me parece que tendría

que ponerle menos puntos para que no me quede tan largos

los flecos los hice con trozos de flamé.




También estuve haciéndole vestidos a las muñecas
los modelos están en este sitio,


Estoy cumpliendo con uno de los objetivos para este año, aprender a dibujar y a pintar.

Empecé con un paisaje de una de las provincias que más me gusta: Salta.




A pesar del frío, mis ánimos son primaverales, hace días que ando de un lado a otro, cámara en mano, ni mis gatos se salvaron

a la Renguita no le gustan las fotos, se le nota en la cara


el Negrito tiene fiaca, mejor que siga durmiendo porque sino se dedica a caminar sobre el teclado y no me deja escribir




y el pequeño Titu, el demonio amarillo que le quita el sueño al Negrito

su carita dulce me convence y cuando todos duermen le hago mimos

¡si supiera el Negrito!

Estas son algunas de las sorpresas que encontré en mi jardín

una cala verde


otras flores coloridas











Rosas trepadoras sin espinas, acá las llamamos mononas

parece un lluvia de rositas







las perfumadas glicinas, es tal la cantidad de insectos que atrae

que de lejos se escuchan los zumbidos

me recuerda al ruido de las carreras de autos jaja





y las azaleas


domingo, 20 de septiembre de 2009

Reflexiones del Negrito: mi dueña y la atención





Hola! ¿cómo están?, hace tanto tiempo que no tengo noticias de ustedes. Mi dueña anda bastante haragana para escribir, no sé lo que le pasa, todo el día de acá para allá, como si quisiera hacer diez cosas al mismo tiempo. No entiendo porqué se le ocurre llenarse de compromisos si sólo tiene dos manos y una cabeza, que últimamente no le está funcionando muy bien que digamos.

Quiero hacerle entender que me muero de ganas de leer los comentarios tan lindos que me dejan, pero cada vez entiende menos y no se le ocurre sentarse delante de la computadora a escribir.

Yo trato de mantener la calma, pensando que esas son enfermedades crónicas de las personas,

algo que nunca voy a llegar a comprender ¿cómo se llamará esa manía de llenarse de problemas?

¿tendrá cura? ¿pasará con esos pinchazos que llaman inyecciones o con esa horribles píldoras atora-gargantas que les encanta comprar?. Realmente estoy preocupado por ella, mas bien DESESPERADO, no me presta atención!!!!. A veces quisiera poder atarla para que no se vaya de casa a cada rato.

Por las noches cuando se sienta cansada a la mesa, yo me subo a la silla vecina y la miro dulcemente ¿para qué? para que me diga que parezco un sapo cururú con mi panza, enorme según ella, aplastada contra el asiento. Aunque después parece arrepentirse y comienza a acariciarme el pelito.

La sigo por todas partes y no se percata de mi presencia, le dedico mis mejores ronrones y parece que no me escucha, se la pasa hablando que tiene que hacer esto, lo otro y lo de más allá ¿quién la manda a complicarse la vida de esa manera? ¿no estaría mejor durmiendo plácidamente con sus gatitos?, me retracto: con sus gatitos no!!!, conmigo, su gatito preferido.

Hace unos días le clavé las uñas para ver si se daba cuenta que yo esperaba su atención, pero me parece que fue mala idea se levantó irritada. La noche siguiente me pasé dos horas sentado bajo su silla sin que notara mi presencia, y ella tejía impasiblemente mirando esa caja gritona que los hipnotiza todos los días; en un intento desesperado por rescatarla de esa Medusa cuadrada que la tenía atrapada, casi petrificada, con su ojo cambiante; tomé la lana entre mis dientes y la corté.

Tal como esperaba, cuando llegó al final de la hebra, dio un alarido y salió de su trance. Al principio se enojó, pero luego me subió a su falda y me acarició, diciéndome que me tenía abandonado ¡recién ahora se da cuenta!

Estuve meditando largamente sobre la cuestión, me parece que mi dueña extravió la atención ¡quién sabe dónde la olvidó!, hace ya varias semanas que la busco por la casa ¿alguna sabe qué forma tiene?