Mi hija y su compañera de aventuras, la vecinita, decidieron que los sapos cururús son unos animales muy simpáticos, que merecen los mismo cuidados que las muñecas, por eso los invitaron a darse una ducha en una bañerita rosada. El sapo se sentía como en su casa y yo no podía parar de reírme. En esta época abundan, si bien no lograron despertarme semejantes instintos maternales como a las niñas, me pone contenta que paseen por mi jardín pues comen cantidades industriales de insectos por día.
viernes, 21 de diciembre de 2007
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1 comentario:
Ja!!! Que linda!! Esos sapos deben haber estado chochos con tanto cuidado. Es hermoso ver las cosas que hace tu hija.
Besos
SAbry
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