domingo, 14 de octubre de 2007

El paseo de la siesta


Aunque suene extraño el cementerio de mi pueblo es un lugar hermoso, la gente acostumbra a cuidar las tumbas de sus antepasados y les llevan las mejores flores de su jardín. Por sus pasillos amplios corre el aire puro del campo, impregnado del perfume de los centenares de rosas y jazmines que tapizan las paredes de los nichos, a veces me parece un auténtico jardín vertical.
Ayer mi mamá me dio un ramo enorme de flores para que la reemplace en esta tarea y junté muchas más de mi jardín, las envolví en bolsas y como había un sol hermoso, después de varios días de lluvia, invité a mi marido y a mi hija a ir caminando al cementerio después del almuerzo.
El mes pasado resaltaba el color naranja fogoso de las clivias, hoy predominaba el rojo furioso de las azucenas y para mi asombro vi muchos ramos de una orquídea violeta y blanca, muy bonita, que la gente cultiva en los árboles. Repartí las rosas , azucenas y lirios entre mi papá, mis abuelos, tíos y bisabuelos y terminada la tarea, regresamos disfrutando del tibio sol primaveral y del aire lleno de aromas de campo. La rosa de la foto es una rosa dalia que pertenecía a mi abuela paterna y que por supuesto se la dejé a ella. Me resulta gratificante que el lugar donde tuve que dejar muchos seres queridos sea luminoso, colorido y perfumado.

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