
No debe haber en las tierras del litoral un visitante de jardines más asiduo y cantor que el chingolito. Recorre sin miedo los patios y galerías con cortos saltitos, muchas veces disimulado entre la vegetación con sus colores grises y marrones, su copetitto característico y su antifaz negro. Su melodía inconfundible, nos acompaña a lo largo del día, y de la noche también, aunque parezca mentira canta de noche. En más de una oportunidad me he quedado mirando una película pasada la medianoche, y he sentido sus gorjeos en un árbol vecino.
A pesar de su simpatía, las leyendas lo vinculan al castigo de a la soberbia. Según los guaraníes, era una hermosa y fuerte ave dorada, de bello plumaje resplandeciente y canto melodioso, que intentando captar la atención de una hembra, se vanaglorió de poder derribar la antigua e imponente torre en la que se había posado, inmediatamente un fuerte viento lo arrastró por el suelo, 
cuando pudo recuperarse descubrió que había adquirido los colores de la tierra, perdiendo su famosa magnificencia. En otras leyendas se afirma que era un hombre muy fuerte, quien en su soberbia derribó una capilla y fue apresado. Por eso se dice que conserva el gorro de presidiario y camina a los saltitos por el peso de los grilletes.
En esta época suelen nidificar, a veces incluso entre los yuyos, como en el caso de las fotos. Sus huevos poseen unas vistosas manchas rojizas.
1 comentario:
Mami me gusta el nidito.Besotes Cami
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